Niña pájaro

Se llamaba Emberiza, pero poco más averiguamos. Hablaba un idioma extraño, nadie sabía de dónde había llegado su familia; apareció un verano y nos hicimos amigas de juegos y de risas, ya que no podíamos contarnos secretos. Se pasaba los días saltando de verjas, de bancos, de buzones. Un día fuimos un poco más lejos, al descampado donde aquel olivo, y se lo pasó saltando de las ramas. Parecía que valía cualquier cosa con tal de no tener los pies en el suelo. Cuando llegó el invierno, ella y sus padres recogieron sus cosas y se fueron. O quizás… volaron.

Yo sólo soy un lobo con una piedra…