Por ejemplo, la Esfinge

“Por ejemplo la Esfinge, ¿cómo sería la Esfinge?”.
Y el compañero se tumbaba boca abajo, acodado, con cara como de preguntar algo mortífero de puro difícil. Entonces el otro insistía: “¿Y una sirena, cómo sería una sirena?”.
Y la compañera se sentaba tarareando sin importarle que el que estaba en el agua le cogiera el pie indicando que era un pie y no una aleta… Y así llevaban un rato largo, y yo por no perdérmelo, allí seguía, como a punto de tirarme al agua, disimulando, casi con calambres en brazos y espalda. Feliz.

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