No, nunca, nada

«Si cuento hasta tres me atreveré a hacerlo. Uno, dos tres.»
«Cuatro. Cinco. Seis.»

«Mierda. No me he atrevido. A lo mejor hacia atrás: Tres, dos, uno.»

«Tampoco.»

«Vamos, solo tengo que pensar en algo agradable que sustituya a la sensación de caer. El olor de las manos de mamá cuando me peinaba, el reflejo de mi cara en el escaparate de la juguetería, aquella tarde de creer que todos los pasos que se acercaban por la calle eran sus pasos.»

«Ya está. Aquí abajo ya no se oyen sus pasos.»

«Esta vez espero acordarme de cómo salir del agua.»

 

No habrá una sola cosa que no sea una nube.
Todo debe de ser cosa de viento y mentira.