Las buenas amigas

–Es que no lo veo claro.
–Ten un poco de fe, mujer.
–Es que me da a mí que no le va a gustar, ya sabéis que es muy devota.
–Pues por eso mismo.
–Oye, si no quieres, te vas, que nadie te obliga.
–Claro, con lo que me ha costado coserme la capucha esta, ahora me voy a volver a casa.
–Entonces, deja de quejarte un rato. ¿Te has hecho la capucha con orejitas?
–Sí. ¿Qué pasa?
–¡Atención, chicas! Es la hora. Todas a coro.
–¡Cumpleaños feliiiiiiz! ¡Cumpleaños feliiiiiiz! ¡Cumpleaños…!
–¡Anda! Se ha desmayado.

Pasaba por aquí.