La espera

Había quedado con las amigas a la hora de siempre para ir a echar la partida, pero se retrasaban. Especialmente hoy se retrasaban. No hacía más que mirar el reloj y luego a un lado de la calle y luego el reloj y luego el otro lado de la calle. Y nada.
Mientras tanto las amigas, disfrazadas con lo primero que habían encontrado, aguantándose la risa, esperando a que se diera la vuelta. En silencio. Esperando.
Y la otra, tan puntual siempre, nerviosa por la extraña espera, casi angustiada, de pronto sintió algo como detrás, y, se, giró, a, mirar.

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