El secuestro

El jefe nos había prometido más smog, una niebla tan espesa que no te vieras las manos extendidas, tanteantes. No iba a ser nada fácil. El artilugio aún no daba problemas y nosotras entonces éramos casi tan jóvenes e inconscientes como la pobre Beatriz antes de quedar para siempre aplanada.

“¿Para qué dijo que la quería? En el jardín no le cabe”

“Tiene una especie de mascota que se la pidió”

“¿Que tiene qué?”

“No sé cómo se llama y está cambiando de forma todo el rato, ayer era una oca”

“Ah”

La vi blandir el encogedor. Nelson, nos vamos

Ondina norteña y bruja de Lancre. Me gusta el terror, quiero un faro y vine a tuiter a hacer observación participante. Al final siempre sobrevivo.