El desahucio de la belleza

Tendrás que creerme porque con esta niebla, imposible verlo. Pero te lo digo como es. Ahí, a la izquierda, está el Jardín de Aclimatación. Hay tigres, laberintos, jirafas, cedros del Himalaya… Un trenecito, un tiovivo, calesas tiradas por avestruces… Y pavos reales blancos. Pasean sin prisa –gigantescos y etéreos copos de nieve– y, de pronto, se suben a un árbol. He llegado a verlos a veinte metros del suelo. Eso no te lo esperabas, ¿eh? Pavos reales volando tan alto. Pero nadie, hija mía, espera tampoco mucho de ti. Nadie espera de la belleza otra cosa distinta a la belleza.

Noble (baturra) y rebelde. Escritora, dicen. Yo soy esa: