Volver a empezar

Repetía los pasos, tal y como se los había visto hacer a su abuela muchas veces, con las gafas al borde del precipicio de su nariz, sobre la mesa de la cocina.

—Me va a salir. No me lo puedo creer —murmuró, conteniendo la emoción.

Cuando iba a colocar la carta que sentenciaría su primer solitario completado con éxito, una racha de viento tiró el resto de naipes que estaban sobre la mesa.

Respiró profundamente un par de veces  y, tras recoger y barajar las cartas, empezó de nuevo, sin tregua, que eso también lo había aprendido de su abuela.

Flequillíber. Todo lo que escribo es en mi opinión. Pluviófila. Regaliz rojo, caras B y segundas voces.