La trampa

Soledad. Concentración para escribir. Apartarse de distracciones. Ella sola con sus ideas y sus personajes. Ella sola con sus cuadernos y lápices.

Disciplina. Cada día un número de horas fijas para escribir. Cada día un número fijo de páginas escritas.

Silencio. El teléfono desconectado. La radio desenchufada. Las únicas voces deseadas,  las de sus personajes cobrando vida línea a línea.

Trampas. Una partidita para descansar antes de volver al escritorio. Una partidita para dejar de oír las voces de los personajes reclamando, exigiendo más. ¡Que se callen de una vez! Con todo ese ruido en la cabeza es imposible trabajar.

 

Pasaba por aquí.