Enero: la soledad

La foto

André Kertész. Saint-Gervais-les-Bains (1929)

El fotógrafo

Es difícil no establecer una conexión emocional con las fotografías de André Kertész; mira, aquí le tienes (es el de la camisa blanca) con el fotógrafo que escogimos el mes pasado, Doisneau.

A menudo se señala que era un fotógrafo que se basaba en la inspiración y en la oportunidad, no en vano el propio Kertész dijo en varias ocasiones que él era un amateur en el mundo de la fotografía, y que tenía intención de seguir siéndolo hasta el día que muriese. No estudió nada relacionado con la imagen, sino que fue corredor de bolsa por imposición familiar: su padre murió en 1909, y un tío se ocupó de costear su educación y asegurarle un futuro que, en cuanto tuvo ocasión, Kertész desenderezó.

Tienes decenas de páginas analizando mucho mejor que yo a Kertész como fotógrafo, solo te voy a contar, antes de dejarte con unas pocas fotos más de él, la anécdota de que a los 12 años llenó una maleta con libros y una flauta y decidió salir a recorrer el mundo (no le duró mucho la aventura), pero no por rebeldía, sino por mero afán de viajar: parece que tuvo una infancia y adolescencias bastante bucólicas y agradables y simplemente estaba poseído por la maldición de la curiosidad.

Los descartes

Tenía más fotos preparadas para enero, pero claro, la vida es elegir todo el rato y no podía escogerlas todas.