Pecados capitales

Muchos hombres y mujeres llevaban una vida disoluta dedicada por completo a pecados capitales y placeres de la carne (con especial inclinación por el fornicio y todo tipo de juegos sicalípticos). Los dioses, celosos, ante el fracaso del diluvio impusieron el casamiento: querían humanos que sentaran la cabeza y se asfixiaran en obligaciones. Ellos se negaron. Los dioses insistieron. Y ante su segunda negativa, los metamorfosearon en cerdos. 
Aquellos que sobrevivieron, sometidos, accedieron al matrimonio. Pero aún quedan rebeldes que acompañan la ceremonia con cerdos (siempre reticentes al acto) alimentando así la esperanza y la firme voluntad de la fiesta.

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