La estación de Yago

Es imposible que lo recuerdes, pero cuando eras así de pequeño solo te interesaban dos cosas: bailar y comer pan. El ruido por la caída accidental de una cacerola o el de una puerta cerrándose de golpe no te asustaban, sino que eran la entrada a una canción que solo tú oías y que nos regalabas balbuceando sonidos rítmicos y dando saltos de entusiasmo, cantabas con la cadencia del llanto de tu hermana si se había hecho daño, hacías oscilar la cabeza al compás de nuestras conversaciones; hay quien viene a la vida a vivirla: tú has venido para bailarla.