Encuentros

En la otra orilla del río de oscuridad hay una niña de rosa. No la veis, y si la vierais no veríais sus gigantescos y lustrosos tentáculos, pero me sonríe. Es aún tan diminuta como yo pese a que sé que es mi hermana mayor. Su mundo tiene más espacio alrededor y ella nada de miedo. Nos miramos, demasiado pequeños para hablar (tampoco sabríamos qué decirnos). No queremos estar separados ni sabemos en qué lado del portal juntarnos. Mi pie derecho empieza a tentaculear despacito. Reímos muy fuerte. La era de los tentaculares nos espera todavía tersa, flamante, sin estrenar.