Asuntillo

El camino era de madera pulida ideal para unas piernas cortas y un andar de principiante como el suyo. Iba a lograr llegar hasta el final sin caerse, seguro. Su madre le animaba desde un lateral, “vamos, cariño, unos pasos más y llegarás”. El pequeño vio la salida, sabía que estaba cerca del premio, podía olerlo, era un aroma a caramelo y sábanas limpias, a besos de hermana y pintura de dedos, algo que solo los niños pueden detectar. Salió por la boca del túnel y allí de pie estaba el cuentacuentos. “Erase una vez” dijo y empezó la magia.