Pender

Oye mucho de fantasías sobre volar, de anhelos de fluir, de aspiraciones de flotar, de compromisos de no resistencia en el caso de que una fuerza desconocida los arrastrase. Todos, piensa, en algún momento, han calculado, con un gozo misterioso, los placeres del abandono, de ese dejarse ir. Volar, fluir, flotar y dejarse arrastrar. Pero pender, ¿por qué nadie hablar de pender, si hay tanto dejarse ir en un péndulo? ¿Será que ya estamos pendiendo, y lo que de verdad ansiamos es dejar de pender? ¿Quizá nos da miedo reconocernos péndulos y por ello hemos desechado como adjetivo esta palabra?

Vigués en el popolo di Pekino. Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Estos son mis relatos. Son como son. A nadie los pedí prestados.