Quería decirle

Quería decirle que era una mujer hermosa, que le encantaría quedar un día con ella, charlar, conocerse, que quizás ya estaba amándola aún sin saber su nombre… pero sólo pensarlo le daba tanta vergüenza que no veía cómo hacerlo. Hasta que un día se le ocurrió el modo. Compró un ramo de flores tan grande que podía esconderse detrás, esperó a que ella saliera del trabajo, se acercó para dárselo con su bicicleta dispuesta y, cuando estuvo junto a ella, musitó unas incomprensibles palabras de amor, le dio el ramo y salió corriendo a toda velocidad. Ella nunca supo quién.

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