Genio y katanas

¡Maldición! ¿Llego tarde? ¡No puedo llegar tarde o la emperatriz me cortará la cabeza! Me zarandeará y me preguntará que por qué he tardado tanto y le dará igual que le explique lo cuidadosamente que han escogido las rosas más blancas y más frescas de la floristería: perderá el control y ordenará que me rebanen el pescuezo. Habrá un juicio, por supuesto, pero ya sabemos de qué sirven los juicios de su majestad. ¿O es que ya no os acordáis de aquella chica? Alicia, creo que se llamaba. Pobre. Qué sabía ella del genio y las katanas de la emperatriz…

Yo sólo soy un lobo con una piedra…