El ramo

Supo que era ella nada más entrar.

—Hola —dijo.

­—Buenos días —respondió él—. ¿En qué puedo ayudarte?

No le había reconocido. Quiso decirle que les habían presentado, tiempo antes; que se había enamorado al verla; que le ignoró toda la noche; que esperó pacientemente a que volvieran a encontrarse; que quería pasar la vida junto a ella.

—Quería encargar un ramo de novia.

Aunque el nombre que ella le había dicho —a gritos, al final— no coincidía con el que él recordaba, dio un largo paseo en bicicleta antes de tirar las flores en el mismo contenedor donde ella reposaba.

Flequillíber. Todo lo que escribo es en mi opinión. Pluviófila. Regaliz rojo, caras B y segundas voces.