¿Quién sería?

En la sala de espera sólo había cuatro asientos, pero cinco eran los que esperaban. La niña, con infinita paciencia, se mantenía de pie, callada. Quizás la enfermera asomaría pronto por el pasillo y llamaría al siguiente, ¿quién sería?, ¿la señora esa tan empingorotada y tiesa como si tuviera un palo en la espalda?, ¿la segunda, la de cara de gato?, ¿la otra, a la que parecía que el viento se le había llevado el sombrero?, ¿o la última, la más afable, que se relamía mirándola de soslayo? El tiempo se estiraba. Mientras, la niña cerraba los ojos y jugaba.

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