Evolución

Aquella era sin duda la prueba más irrefutable hasta entonces de la teoría evolutiva. Habría maravillado al propio Darwin. Cuentan que el profesor Chamaniego se quedó tan aturdido al dar con ella que hasta un tiempo después sufrió vahídos, turbamiento e insomnio, y no recobró el ánimo ni la entereza física sino a base de sales, láudano, sangrías y frotaciones de alcohol. Pero aquel hallazgo todo lo merecía. Contenía tal lujo de detalles que incluso se apreciaba ya la aparición incipiente del pelaje y los bigotes, y hasta se adivinaba ya en la niña la clase de felino que sería.